No tengo sentido de transcendencia respecto a mi sentir poético, creo que nació conmigo, es como alguien de mi familia. Como mis ojos y mi pelo.
Nunca me conformé con ver la cara única de las cosas, quise saber de la cara oculta de la luna, del canto y el reverso de una moneda, del más allá de una montaña, del tejemaneje detrás de un escenario, de los aliños de un guiso, de lo que se fabrica en el corazón de una rosa y, por encima de todo, quise saber sobre el origen de la vida y conocer al ingeniero jefe de tantos diseños que abundan en todo lo que nos rodea, saber también qué hay detrás de la risa o el dolor de los seres humanos.
Algunas veces he oído decir a escritores de renombre que ellos no escriben poesía porque es algo muy serio a lo que no se atreven, seguramente que quieren hacerlo de una forma académicamente perfecta y no se sienten preparados para ello.
¿Qué hacemos pues tanta gente escribiendo versos sin pié, metro, rima o reglas. Creo que el poeta nace con una alarma instalada que activa con frecuencia su sensibilidad en su deambular por la vida. Él o ella, caminan por una calle en la que el asfalto y el cemento cerraron todo resquicio a la tierra pero, hete aquí que, por una imperceptible rendija ha brotado una hierba creciendo lo suficiente como para que luzca una diminuta flor en el extremo de su tallo, con cinco pétalos de color fucsia y rayas negras a la que una despistada mariposa urbana de color amarillo viene a polinizar sin ella saberlo. Sólo el amante de la belleza espontánea se apercibe de ello.
O puede ser que, en unos grandes almacenes atiborrados de gente con los ojos desorbitados mirando todo, dominados por frenético afán consumista, un niño tire, sin darse cuenta, unos paquetes de una estantería y mire entonces aterrado alrededor para asegurarse de que no le ha visto nadie. Que intente ponerlos en su sitio a toda prisa con poco éxito.
Sólo al poeta sensible se le dispara la alerta y ve que el niño necesita encomio por ese deseo de corregir lo que considera una maldad. Puede leer el temor en sus ojos y le consuela diciendo; " muy bien, lo has hecho muy bien”. Una extraña corriente de alegría les conecta invisible, perceptible a través de una leve sonrisa cómplice. ¡Qué belleza puede reflejar entonces el rostro de ese niño!
Puede que algunos digan que esto son... si, eso que no me atrevo a decir. No obstante, se necesita muy poco para ello en este mundo en que te venden hasta el amor a un buen precio. Disfrutar de belleza genuina es gratis y está por todas partes. En el poeta tiene que ser primordial la sensibilidad, poder ver la expresión facial de los que hablan, su cálido palpitar por la emoción. Tampoco puede ser todo emoción en la vida, se precisan los sólidos pilares de la razón para no ser inestables o acabar neuróticos y deprimidos.
¡Es difícil detenerse en lo mucho que hay feo y doloroso cuando hemos gustado de lo bello!

No hay comentarios:
Publicar un comentario