lunes

USO DE LA PALABRA

Cuando las palabras se usan de una manera sabia, son como el bálsamo de un masajista que alivia una contractura o como una ráfaga de aire fresco durante un sofoco en el verano. Las palabras bien usadas pueden dar vida, pueden fomentar las buenas relaciones, pueden liberar de duras cargas, pueden hacernos girar hacia la ruta certera y despejar dudas perniciosas.
El uso sano de la lengua procede de un corazón lleno de cosas buenas y si da en el clavo, sanando el espíritu, cumple el más honroso de los propósitos.
Como bendita energía que nos lanza a la actividad diaria es un "te quiero" dicho desde el corazón y confirmado con los ojos, y como alguien que es liberado de un peso que le aplasta es el efecto producido por unas palabras de ánimo que dicen: "tranquilo, no estas solo, aquí me tienes".
Cuando las palabras son un sincero "perdona, me equivoqué" son el pegamento para una posible fractura y no hay palabra sincera y bien dicha que dañe, aunque pique o escueza. Y a veces las palabras son un silencio largo y unos oídos atentos, otras veces son un pulverizar de fina agua que despierta la risa, que provoca la carcajada, bendita risa y la alegría que la acompaña. Y las bellas composiciones de palabras producen emociones bellas y hay palabras que aumentan la fe, que producen esperanza, que renuevan la alegría, que disipan la tristeza.
Hay también palabras que se dicen a espaldas de alguien, cuando no está presente el sujeto en cuestión, que contribuyen a su buen nombre, que le otorgan buena fama y buena referencia, que lo protegen aunque no esté presente. Y me faltan palabras para expresar lo que puede producir y motivar el buen uso de la lengua. Que cada cual analice desde su interior el fruto de sus palabras, que cada cual se juzgue a sí mismo respecto al sonido, la música o el estruendo que producen una vez lanzadas fuera del alma. Que cada uno decida lo que quiere lograr con su habla y obre en consecuencia, porque yo, por mi parte, masticaré palabras de vida mientras los dientes me respondan.

OTRO USO DE LA PALABRA

Las palabras son usadas a veces como sables que amputan energía, como estoques dados a un toro joven para que sangre abundantemente y aminorar así su fuerza. Y por qué duelen o causan daño las palabras pronunciadas por alguien en algunas ocasiones. Principalmente porque están dichas sin pensar en absoluto en los sentimientos de los demás, porque demuestran falta de aprecio o porque intencionadamente quieren dañar. Algunas veces son reveladoras de un cruel descuido de la lengua, de una traición a la confianza, de una envidia oculta o de un deseo de humillar.
A parte de que unos podemos ser más vulnerables que otros a las palabras ajenas, existe el daño que se hace desde un corazón resentido a través de la lengua directamente. Si el daño se hace a espaldas de la víctima, si las palabras crueles se dicen sin estar la persona objeto de la crítica presente, sencillamente se quiere dañar la reputación y el buen nombre de ella a saber por qué oscuros motivos. Que cada cual analice sus motivos en el uso que le da a las palabras y el efecto sobre otros, que cada cual sea honesto consigo mismo en ese análisis pues el habla irreflexiva puede herir, y las heridas duelen. Una persona herida puede estar en peligro porque puede instalarse en el ataque para la autodefensa, o en la depresión por asumir la derrota.
El buen uso de las palabras es un objetivo loable en un mundo en el que algunas agencias de información suelen pagar grandes sumas de dinero por una mala noticia o cualquier chisme sobre las vidas ajenas.

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