lunes
LA PLAYA
Sólo aspiro a bañarme en el cachito de playa que Dios me ha dado para vivir, sin invadir la playita de nadie, sin crear competencias entre playas, ni fomentar rivalidades entre arenas y aguas. Porque el mar no es nuestro, que se nos ha prestado, y la arena estaba aquí mucho antes que nosotros, y seguirá ahí después de nuestra marcha. Y es que la vida no está bajo nuestro control, por más decorado que tengamos nuestro lugar en la playa, por más que publicitemos nuestra arena.
El que nos ha otorgado un lugar, nos ha regalado la libertad para aprender, crear y planificar, sin invadir la zona de los demás. Si alguien invade la nuestra, conocerá nuestros límites, tan respetables como los de los demás. Si compartimos nuestro cachito de playa con otros no es para que la pisoteen ni la desprecien sino para que la disfruten y coman de nuestros peces, para que jueguen con nuestros crustáceos y nuestros guijarros. Vivir y dejar vivir, disfrutando cada cual de su espacio, esa es la clave de la convivencia.
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