Si ansiamos la libertad absoluta, reconocemos implícitamente una autoridad absoluta de la que liberarnos, si deseamos la libertad parcial, reconocemos que parcialmente somos esclavos de alguien o algo. Si el ser humano se plantea una y otra vez su libertad es porque realmente no es libre. ¿De qué se quiere liberar? ¿Para qué quiere ser libre de tal o cual cosa?
Hay personas que se quieren liberar de su conciencia porque les parece opresiva, pero al cabo del tiempo son esclavos de sus instintos, más opresivos e insaciables aún.
Romper con todo implica asumir adultamente todas las consecuencias que se deriven de ese actuar “libre”, de lo contrario somos unos insensatos irresponsables. Pongamos el típico ejemplo de lanzarse al vacío desde un lugar alto, somos libres de hacerlo, pero caemos presos en las consecuencias, entre ellas la posibilidad de morir o quedar lisiado. Libres pues en los actos, pero esclavos en las consecuencias. Esto es una constante en los humanos, y así podemos llegar a ser esclavos del deseo de la libertad absoluta.
¡Denme libertad, o denme muerte! dijo Patrick Henry.
Podemos ser libres de beber bebidas alcohólicas en exceso o de tomar drogas pero no somos libres de sus efectos en nuestro cuerpo.
Una pregunta: ¿Por qué algunas personas no se sienten esclavos dentro de una prisión, sobre todo si están por mantener sus principios o ideales?
Como nadie puede estar libre, podemos escoger donde ser esclavos, para eso sí somos libres , para eso tenemos libre albedrio..
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