lunes

VEN AL AGUA (poema continuo)

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Ven al agua
que la vida reclama imprescindible,
cuyo secreto el hombre no conoce
a pesar de intentar su dominio.
Ven al agua de diseño simple
pero de difícil comprensión.

Iníciate al agua conmigo
cuando sea hostil el aire.
Bajo un nenúfar blanco te cito
antes de que lo cierre la noche
o se diluya el brillo en sus hojas.

Con dos pétalos por ojos
aguardando estoy los besos del agua,
pero me llama un atrapamoscas
buscando coartar mis ansias.

Ven al agua conmigo,
que la sagitaria me entregó su polen
fecundo como el sol
para darle  fulgor a mi cuerpo.

Si quieres, ven conmigo al agua.
Podrá deleitarte el concierto nocturno
de las ranas olvidadas,
pobladoras que habitan en el estanque largo
donde la luna se duerme,
tan nívea como rotunda.

Ven al agua,
porque pretendo que me hagan sombra
las flores de una centella
con sus cinco pétalos francos:
¡Oro de aguas leves!

En la orilla te espero quebrando aguas
en compañía de un mirto solitario
que es mi alma gemela.
Allí, juncias, cañas y juncos
se han instalado por largo tiempo.
Unas soltando nubes de algodón,
otras con su sonoro bamboleo,
y ellos cimbreándose mudos y brillantes.

Ven al agua grande,
donde la línea del cielo se diluye
y abajo la vida se gestiona sosegada,
donde mis lágrimas, saladas como ella,
rodaron abundantes para aumentarla
donde mi cuerpo se ondula inquieto entre las algas
mientras el Invisible modela su perfil.


Pero si al agua más dulce vienes,
¡Cuídate de la florescencia de la cicuta
que por la orilla medra!
Ella, diáfana, se bebe el agua
pero se torna pócima su sangre.

Levanta la gasa invisible
y cálate en el cristal vivo
donde se refleja el universo.
Traspasa el rostro cambiante
para reunirte conmigo.

Ven al agua de las viejas leyendas,
de heroes aventureros y sirenas eternas,
donde las rocas hacen silbar al viento
canciones sin nombre.

Ven a ese agua menos profunda
con dotes de hermosa dama,
jugaremos al escondite
en nuestro bosque de poseidonias,
mientras algunas se desgarran
camino  de la orilla.

Ven al agua más furiosa
que se divierte en su protagonismo,
que eleva sus potentes brazos
sin que le espere un objetivo,
y sigue quién sabe qué pautas,
quién sabe qué consignas.

Ven al agua estre sus rizos
y veras el revuelo de las gaviotas,
cruzarás el túnel sonoro
que tanto divierte a las tortugas.
Escucha, muy lejanos, a los delfines
con sus vibrantes conversaciones.

Ven al agua viajera
envuelta en misterios ancestrales,
refrescante en verano y cálida en invierno,
que inunda las grietas en tierra seca,
conducida por un niño
y preservada por un viejo.

Ven al agua,
donde la fuerza del viento domina,
y el mar peina los guijarros el lineas
sesgando la esencia del pasado.
Ven al agua encaje de espuma blanca
y sorprendente lluvia marina.

Ven al agua,
que se eleva buscando el sol,
desafiante con la gravedad
que le impone su madre tierra.
Ven al agua invisible y constante
que sigue dando vida a la madera.

Ven al agua,
abundante y creadora de verdes,
que continua persistente en los prados
como la rutina de los pueblos.
Ven al agua previsible de fechas
para una tierra que confía en ella.

Ven al agua,
transparente y bulliciosa en descenso,
buscando el mar de sus orígenes
mientras nutre exuberantes bosques.
Ven al agua de costumbre milenaria
que hace brillar el rostro de las hojas.

Ven al agua
que se riza dorada,
al agua celeste
que brilla en las playas,
que serena y dulce
acaricia la arrena
y se duerme apacible
para despertarse al alba.

Ven al agua dorada
impregnada de sol cuando amanece,
al brillo de sus olas,
coronadas por su espuma ámbar
A un agua que se agita
con viento de levante
suavizando los gritos de las gaviotas.
Ven al agua un día más
sin el miedo de que ella te defraude,
sin temor a la vida,
sin dolor del paisaje.

Ven al agua como sábana grande
repleta de dulce soledad,
hoy en compañía de un pájaro blanco
que el cazador dejó a su suerte.
Ven al agua balance de aquellos días
en que el sol besaba la piel bruna,
a este agua serenísima de invasores
con su horizonte de un marino infinito.
Ven sin miedo ni rabia
al desborde de las pupilas,
cruza la frontera sin pasaporte
hacia el continente su brisa.

Ven al mar de agua fría,
que con dientes afilados eriza la piel.
Un agua que te agrede
impugnando las caricias de otro tiempo,
que escupe su espuma
impelida por un viento sin rocas adversas.
Ven al agua de invierno
furiosa e inquieta,
solitaria fuente de plata
entre ojos de arena.

Ven al agua cristal de oriente,
donde la vida apenas milita,
y que en días grises opaca su azul.
Ven al agua mas quieta de lo normal,
escasa de peces y manos ágiles,
soñadora de cascadas,
y ansiosa de libertad.
...
Andad niños; ¡Vanid conmigo al agua!

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